sábado, 28 de junio de 2008

Deportistas patriotas y nacionalistas antideportivos

Mientras la mayor parte de la población del país se deja llevar por el éxtasis de saborear un éxito deportivo nacional sin precedentes adornado por un juego brillante y presentado con el envoltorio de la bandera española, otros se revuelven en su nido nacionalista con radicales espasmos de envidia y convulsiones de crispación, levantando el vuelo sobre nosotros transmutados en forma de pájaros de mal agüero.

Son de esta especie los que hablo, en ocasiones mucho más radicales que cualquier aficionado común, los que emiten declaraciones provocadoras mientras abajo, los demás, disfrutamos del partido olvidándonos por una vez de la política durante al menos noventa minutos, para inevitablemente ver aparecer la sombra inquietante de quienes vienen para secuestrarnos de uno de nuestros pocos momentos de unánime alegría desbordante y sana evasión psicológica transitoria.

Tal ha sido el caso de Urkullu y Erkoreka del PNV y Tardá de ERC, que han declarado que van a animar con todas sus fuerzas a la selección rusa con el deseo de que España pierda en semifinales de la Eurocopa.

En mi opinión, comprendo perfectamente que animen a Rusia, ya que geográficamente debe parecerles ahora más cercana que la península ibérica en la cual muy a su pesar, conviven estos días con una multitud eufórica que enarbola banderas incómodas, lleva camisetas cuyo escudo les hace sudar la suya y entona cánticos que por lo que se ve, les han ocasionado un rebrote de intolerancia a “la roja” con la consecuente reacción alérgica.

Han demostrado además Urkullu y compañía, una gran inteligencia diplomática, un deseo de diálogo y una expresión de su talante, sensibilidad, solidaridad, deportividad y muchas otras cualidades que los tres militantes políticos derrochan, tanto que yo no dudaría en ofrecerles el mismo apoyo, el mismo ánimo y la misma predisposición de colaboración en cualquier empresa o proyecto deportivo o político en el cual quisieran tener éxito como ahora España lo desea.

Afortunadamente ni Puyol, ni Xavi, ni Cesc Fabregas tienen problemas para decidir si animar a Rusia o a España porque son deportistas que ya están en el salón de la gloria deportiva catalana y española. Nos sentimos todos muy orgullosos de ellos y nunca les hemos deseado mal alguno, ni a ellos ni a ningún equipo catalán o vasco en competiciones europeas, todo lo contrario, salvo la excepción siempre presente de individuos que estarían en la misma categoría en la cual los susodichos de PNV y ERC han decidido encuadrarse por voluntad propia, la de los antideportivos.

Los símbolos españoles no son dañinos porque ya no representan ni cobijan a ningún caudillo, éste está muerto, lo aseguro. Son ahora pues y desde hace más de tres décadas, lo que siempre debió ser, un símbolo que representa a un pueblo con unos valores y unos logros a sus espaldas muy altos, suficientes para presumir por ejemplo de transición democrática ejemplar. Un pueblo en el que nadie debe avergonzarse de animar a su equipo de fútbol, de airear su bandera o cantar su himno porque no significa otra cosa que el orgullo que uno siente de vivir en un país que es hoy en día una nación libre, democrática, tolerante, moderna, diversa, en la que caben todos y todas, un espejo donde mirarse muchos países del mundo.

Hay que saber jugar limpio tanto en deporte como en política y uno brilla por sus maneras, por su educación, por su talante y por su decencia, sirva de ejemplo el presidente Zapatero que declara abiertamente que es del barsa pero no deja de contar por ello con el voto de todos los socialistas merengues. ¿Sería posible un Presidente de Catalunya que fuera forofo del Real Madrid? ¿Quién tiene más complejos? ¿Quién es más intolerante? ¿Quién está más lleno de prejuicios? ¿Quién pone barreras en campos que no corresponde? Una vez más, algunos dirigentes nacionalistas mean fuera del tiesto para desprestigiar cualquier idea o proyecto que puedan defender que de una forma u otra siempre acaban empañando ellos solitos carcomidos por su propio ego perturbado.

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viernes, 13 de junio de 2008

Reflexión sobre La Felicidad y la Sociedad actual por Javier Sampedro

“Las sociedades deben juzgarse por su capacidad para hacer que la gente sea feliz”. Esta es una de las célebres frases de Alexis de Toqueville, filósofo y jurista autor de “La Democracia en América”. Partiendo de esta aserveración, podríamos hacernos la correspondiente pregunta retórica. ¿Es capaz esta sociedad de hacer feliz a alguien?. En mi opinión el saco de frustraciones que provoca no me hace verla muy capaz, es más, me hace apuntarla como la causa de más de una enfermedad incapacitante.

Hoy en día la capacidad para ser feliz depende totalmente del individuo y su fortaleza psicológica para combatir la oleada inmensa de mensajes erróneos y perjudiciales que le golpea día a día, desgastando, erosionando y moldeando su voluntad a la voluntad de otros.

Son estos modelos reinantes en la dinámica social actual, a los cuáles nos fuerzan a encajar con crueldad, estereotipos estrictos y excluyentes socialmente. Has de ser guapo y fuerte o guapa, alta y delgada, o morir en el intento, y si la genética no te ha favorecido, no desesperes, te queda el quirófano para te extirpen parte de tu identidad o te implanten algo mas de personalidad.

La imagen esta actualmente tan sobrevalorada, que da la impresión que la cosificación de la persona en escultura perfecta de “x” centímetros de cintura y cero porcentaje de grasa, haya dejado al espirítu humano llorando en un rincón, por no poder ser como el desalmado maniquí del escaparate, figura de frívola mirada, sin vida.

Es triste ver a alguien llorar por tal motivo, porque es degradante, ser víctima de esta sociedad y sus “medios de manipulación” hasta ese punto. Pero no te lleves a engaño, si sales a quemar la tarjeta de crédito no recuperaras la dignidad. No serás más humano por acumular pertenencias innecesarias, complementos para lucir tu nuevo “look” que nunca será otra cosa más que un reflejo de la luz rebotando contra una retina, un espejismo.

Lo que realmente importa de una persona no puede verse a simple vista. Son cualidades que residen en otra dimensión invisible ya por desgracia para la mayoría, y desde luego imperceptible para esta sociedad, que de tanto usar los ojos se ha quedado ciega, y por tanto incapaz para ver a quien único nos puede hacer felices, al verdadero ser humano.

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