domingo, 3 de febrero de 2008

El Optimismo y el Efecto Pigmalión.

Pensar en positivo respecto a lo que puede suceder, nuestras expectativas o las que generamos hacia los demás puede transformar nuestra realidad diaria y ayudarnos a abandonar nuestro sufrimiento y el de la gente de nuestro entorno.

¿Como podría cambiar nuestra vida ser más optimistas respecto a nosotros, la realidad y los demás?

Esta frase extraida de una recopilación de frases célebres en la web de Luis Rojas Marcos lo sintetiza muy bien:

"El optimismo es como una profecía que se cumple por sí misma. Las personas optimistas presagian que alcanzarán lo que desean, perseveran, y la gente responde bien a su entusiasmo. Esta actitud les da ventaja en el campo de la salud, del amor, del trabajo y del juego, lo que a su vez revalida su predicción optimista."
SUSAN C. VAUGHAN, Medio vacía, medio llena, 2000

Del mismo modo, podemos realizar las mismas profecias positivas sobre los demás provocando en muchos casos que se hagan realidad. Ese es el Efecto Pigmalión.

Definición extraida de la wikipedia y psicopedagogía.com

Efecto Pigmalión. En pocas palabras...

Se trata del efecto causado por la influencia positiva o negativa sobre las personas, puede llegar a influir tanto que al final acaban por creerlo, y depende de la idea básica (ya sea positiva o negativa)puede llegar a convertir a esa persona en una nueva,mejorando o empeorando los aspectos determinados a la motivacion o desmotivacion personal.


La demostración científica

Un buen ejemplo positivo lo tenemos en el experimento de Rosenthal: En una escuela de F.P. se hizo u test de inteligencia a varias clases. Sin corregirlo, Rosenthal selecciono un 20% de alumnos de cada clase y dijo a los profesores que ese 20% era superior y obtendrian mayores calificaciones. A final de curso habrian mejorado respecto a sus compañeros en cuatro puntos su coeficiente intelectual. Y así fue, cuatro meses despues los estudiantes habían mejorado su nivel academico e intelectual.

La génesis y definición amplia del concepto.

El efecto pigmalión, llamado así en honor a Pigmalión -Rey legendario de Chipre y reputado escultor que se enamoró de una estatua femenina de su creación-, es el proceso mediante el cual las creencias y expectativas de un grupo respecto a alguien afectan su conducta a tal punto que se provoca en el grupo la confirmación de dichas expectativas.

En todos los grupos sociales, la tradición cultural asigna normas de comportamiento a las que se espera que se amolden sus miembros. Generalmente implícitas, estas normas imponen códigos de conducta que no es fácil rehuir, por ejemplo, el que una mujer deba tener gestos delicados o que si la familia de una persona es adinerada, entonces esa persona debe vivir en una casa lujosa.

Lo que empieza como una imitación por parte de los hijos de lo que hacen sus padres se convierte en su propio modo de ser. Esto quiere decir que las personas adquieren un rol a partir de los demás, y acaban creyéndolo propio. Se puede decir entonces, que somos lo que los demás esperan que seamos.

En la mitología griega, Pigmalión fue un rey de Chipre que se enamoró de una estatua de la diosa Afrodita. La cultura romana (Ovidio, en su Metamorfosis) reelaboró el mito: Pigmalión, un escultor, fabricó una estatua de marfil representando su ideal de mujer y se enamoró de su propia creación.

La diosa Venus –la equivalente latina de la griega Afrodita- dio vida a la estatua atendiendo a las plegarias de Pigmalión. En la tradición educativa, el mito –versión latina- de Pigmalión tiene una fuerte tradición. Desde la obra teatral del mismo nombre de Bernard Shaw (1913) llevada a la pantalla como My Fair Lady (1956) y en la que el profesor Higgins acaba enamorándose de su creación (una chica del arrabal reconstruida, como alumna, en una dama), a la teoría sobre el “efecto Pigmalión” en la escuela, con la que Rosenthal (1968) explica que el maestro actúa convirtiendo sus percepciones sobre cada alumno en una didáctica individualizada que le lleva, constructiva o destructivamente, a confirmar esas percepciones.

Ejemplos en el ámbito laboral:

Un jefe entra en la oficina donde están sus trabajadores y observa a uno de sus supervisores, al que aprecia mucho. El jefe no se da cuenta pero entra con una sonrisa de lado a lado y además habla con un tono amigable y le ofrece tareas que fomentan el crecimiento intelectual. Hasta este momento el supervisor no tenía ningún sentimiento (ni bueno ni malo) hacia él pero ante estos estímulos es más sencillo que él comience a sentir amistad por el jefe. Sin darse cuenta el jefe, el resultado de la relación entre él y su colaborador ha llegado a la situación que tenía en mente el jefe pero que ha sido favorecida por acciones propias que no ha observado pero que ha realizado realmente.

Por otro lado también existen efectos de Pigmalión con el mismo resultado (se consigue el fin que se tiene en mente) pero de tónica negativa. El jefe no aprecia a un supervisor aunque no sepa cuál es la razón para ello. El supervisor no tiene ningún tipo de opinión sobre su superior. Cuando llega el jefe lo hace con cara agria, tono imperativo y le asigna tareas que están muy por debajo de la capacidad de su colaborador. El supervisor tiene más probabilidades de acabar realizando sólo ese trabajo pues recibe estímulos que le dirigen hacia esa situación. Al final el jefe dice "Sabía que no podía dar más" sin darse cuenta de que muchos signos que recibe el colaborador son creados por el jefe de forma velada incluso para él mismo. En definitiva, podemos crear un mundo mejor en base a un modo conductual más armónico entre nosotros mismos y con respecto al medio en el que nos desenvolvemos. Es perfectamente posible. Parece que el español es pesimista por naturaleza, pero eso sólo hace daño al individuo y a todos sus semejantes. Frena el crecimiento personal propio y el de los demás.

Tenemos que reforzar en nuestras mentes (individuales y colectivas)la idea de un correcto propósito, a pesar de los persistentes anti valores. Querernos a nosostros mismos y después a los demás. Abandonar el pesimismo y sobre todo no generar expectativas negativas que no ayudan a nadie. Y mucho menos desear el fracaso del prójimo. Que creo que es de los más miserable del mundo.
La energía que genera esta forma positiva de contemplar la realidad y comprender las relaciones humanas tiene un inmenso poder. Debemos ponerlo en práctica.

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